Este proyecto corresponde a un registro de imágenes de 5 días en la ciudad de Nueva York entre el 23 y el 28 de abril de 2023. 

Sin duda este es uno de los principales destinos de personas de todas partes del mundo. Quienes no han visitado este lugar, seguramente planean hacerlo en algún momento y quienes lo han hecho, lo más probable es que piensen en volver.

Para nosotros, desde este hemisferio lo difícil era hacer calzar las vacaciones en una temporada en la que se pueda encontrar buen clima en este lugar, ya que en Chile el período de vacaciones es entre los meses de enero/febrero, pleno invierno en Estados Unidos.

Así fue cuando con Cecilia, pusimos fecha a nuestro matrimonio para el día 21 de abril de 2023, decidimos de forma inmediata que nuestra luna de miel sería en Nueva York, aprovechando el feriado legal de 5 días en la temporada en que en nuestro destino estarían entrando en primavera. La fecha escogida para nuestro viaje fue la mejor decisión.


Descubriendo Nueva York.
Nuestro vuelo de ida fue el domingo 23 de abril en la noche. Fue un viaje agotador, pero gracias al entusiasmo de la experiencia que viviríamos, llegamos a destino llenos de energía. Aterrizamos en JFK y desde ahí tomamos el Airtrain para hacer transbordo a la línea J del metro rumbo al lugar que arrendamos en Brooklyn en el sector de Bushwick. Cuando llegamos a la estación Halsey St y caminamos por la avenida Broadway hacia la calle de nuestro hospedaje, Cornelia St, nuestra primera impresión del barrio fue la de un lugar industrial con bastante ruido, pero al entrar por esta calle camino a Wilson Av, empezamos a descubrir que en realidad el sector era residencial y muy tranquilo. Llegamos un poco adelantados a la hora programada y aún estaban preparando el lugar, así es que buscamos un lugar donde comprar algo para comer y conocer los alrededores de nuestro barrio temporal.
Compramos un sandwich y una Coca Cola en un Deli cercano y nos sentamos en unos peldaños para hacer un poco de tiempo, antes de ir a la casa a revisar los mapas y prepararnos para empezar a recorrer la ciudad.

Era hora de almorzar y queríamos aprovechar lo más posible el día, así que nos dirigimos al primer destino: el barrio de Willamsburg donde nos encontraríamos con mi amigo Nico Villarroel (joven), quien nos haría una primera introducción de la ciudad, con recomendaciones para nuestra estadía. Caminamos hacia el Marsha P. Johnson State Park y desde ahí, contemplamos Manhattan por primera vez. Pensamos en cruzar hacia allá por el famoso puente de Brooklyn, pero pensando en distribuir mejor el tiempo, dejamos ese trayecto para después y nos enfocamos en conocer el lugar y pasear por los alrededores que nos presentaría nuestro amigo. Así, pasamos un excelente primer día comiendo, bebiendo, conociendo nuevos lugares y escuchando historias.  


Paseando con Joven
El mismo día que llegamos, nos encontramos con mi amigo “Joven” fuera de la estación de metro Bedford Av en el sector de Williamsburg. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos, así que mientras caminamos al Marsha P. Johnson State Park, nos empezamos a poner al día. Desde esta pequeña costa, podríamos tener una panorámica del gran Manhattan, una primera vista del esperado lugar que visitaríamos al día siguiente. Después de conversar un rato admirando el paisaje, decidimos reocorrer la ciudad. Primero hicimos una breve parada en un bar mexicano para ponernos a tono y desde ahí, caminamos un poco más conociendo el sector para hacer nuestra segunda parada en una cantina clásica llamada Union Pool. Acá hicimos una pausa y dejamos el lugar al empezar a caer la noche. La última parada de ese día fue en The Commodorepara probar una exquisita versión Newyorkina de los clásicos Po'Boy de Luisiana.
Así concluimos nuestro primer día, pero programamos un encuentro en su casa a mitad de semana para conocer el lugar donde vivía y presentarnos a su novia Laura. Esa noche, terminamos abajo de su departamento, donde tuvimos nuestro primer acercamiento con los conocidos ratones de Nueva York. En un rango de 30 minutos vimos correr muchos de ellos entre nosotros, de todos los tamaños entre la basura y las entradas de las casas, por suerte no tuvimos ninguna experiencia más cercana con ellos.
Con ganas de ver nuevamente a nuestros amigos quedamos de visitar al día siguiente el conocido café Fanelli’s en el sector de Soho donde trabajaba Laura. Un gran experiencia donde fuimos muy bien recibidos y aprovechamos de acercarnos un poco más a la vida nocturna de Manhattan. Dejamos este lugar y nos fuimos a un bar Puertoriqueño llamado Caribbean Social Club, también conocido como “Toñitas”, donde gracias a la cantidad de mezcal de ese día tuvimos que volver a nuestro hospedaje en Uber.  


Un día en Manhattan
Las expectativas más altas del viaje, estaban puestas en este lugar. Queríamos que al menos este día, todo saliera perfecto y así fue. Lo vivido superó por lejos lo que imaginamos.
Nuestro plan de ruta era llegar al museo Guggenheim a través del metro más cercano, para bajar desde ahí por Manhattan lo que más pudiésemos. Así llegamos a la estación 86th St y caminando un poco más, descubrimos las primeras vistas de este moderno edificio construido por Frank Lloyd Whright entre 1943 y 1959. Como nuestro plan era caminar prácticamente todo el día, decidimos admirar un momento el Guggenheim por fuera y entrar al Metropolitan Museum of Art. Después de recorrer este museo por las zonas que consideramos más relevantes, nos dispusimos a continuar nuestro trayecto bajando a través del Central Park para conocer sus amplias áreas verdes y variedad de especies. En medio del parque compramos un Pretzel, nuestro único alimento del día casi hasta el final del recorrido. Saliendo del Central Park buscamos la 5th Avenue para bajar por ahí hasta Lower Manhattan. El cambio de vista es radical, apareciendo frente a nosotros los grandes edificios que cubren el cielo y a medida que íbamos bajando, el caos de la ciudad se volvía mayor. Luego de una extensa caminata de más de 23 km, dimos un breve paseo por la Public Library of New York y luego de esto, consideramos que era momento de hacer una pausa para comer. Después de este descanso caminamos un poco más, mientras se hacía de noche para terminar este día tomando un trago de despedida en un bar que ansíabamos visitar: el Death & Company.

Comunidades
Esta es una pequeña zona dentro de la ciudad, lo que la convierte en un verdadero submundo. Pensamos en Little Italy como lugar para ir a comer en nuestro día en Manhattan. Lo primero que vimos cuando llegamos a este sector según el mapa, fue un par de restaurantes italianos, y pensamos que quizás teníamos una idea exagerada de lo que sería este lugar. Sin embargo a medida que avanzamos un poco, la impresión fue mayor. Cuando ya nos dimos cuenta que era como lo imaginamos, escogimos uno de los primeros espacios que vimos para comer. “Buon giorno!”, nos dijo el anfitrión y nos dio la bienvenida, de fondo se escuchaba Eros Ramazotti y pedimos pizza y ñoquis para seguir el juego de estar lo más cerca que hemos podido de Italia. Mientras esperábamos la comida, en la calle un hombre con aspecto de personaje de “El Padrino”, se detuvo a cantar ópera, seguido por aplausos de la gente que estaba en el lugar. La experienca y la comida eran tan buenas, que en nuestra segunda visita a Manhattan el día jueves, regresamos a comer a esta zona.
Sin darnos cuenta el primer día después de comer, cruzamos una calle y llegamos a Chinatown de golpe. El cambio era abrupto, este sector era mucho más caótico, repleto de gente caminando a paso acelerado entre el comercio callejero. La decoración de la ciudad era totalmente diferente, podría decir incluso que hasta el clima se sentía distinto.

Paseando por estos barrios me preguntaba cómo habrán llegado a ser lo que son ahora. Quizás las comunidades con el tiempo vivido en la ciudad, empezaron a hacer esta parte suya trasladando un poco de su cultura y costumbres a este sector, o tal vez, la ciudad adaptó este espacio para que ellos se sintieran cómodos leyendo el aporte que podrían hacer a un lugar que se enorgullece de su diversidad y multiculturalidad.


Coney Island
Visitar Coney Island fue como tener un día de vacaciones dentro de las vacaciones. Me imagino que para la gente local, la sensación al ir allá debe ser también la de un escape de la gran ciudad.
Llegamos en poco más de una hora en metro desde la estación Wilson Av hasta la estación Coney Island, desde donde salimos a la superficie y nos encontramos con un lugar completamente distinto a lo visitado el día anterior. Los edificios eran muy menores en relación a los de Manhattan y las gaviotas eran señal de que estábamos cerca del mar. Nuestra guía para dirigirnos ahí fue seguir sus famosos juegos y atracciones que se veían en lo alto.
Este día se sintió como un respiro, lo tomamos con calma mientras paseamos por la costa y nos relajamos contemplando la inmensidad del mar.


Metro de Nueva York
El metro de Nueva York era una gran incógnita por todo lo que habíamos escuchado sobre él. Por una parte, por lo fácil de perderse en una red de metro tan grande y por otra, por las  escenas que a menudo se ven en este lugar.
Nuestra primera impresión fue que sería difícil, pero descubrimos que anticipando los viajes y estando atento a cómo funcionaba, era como cualquier otro metro. Todos nuestros traslados fueron en él, por eso compramos una tarjeta con viajes ilimitados por una semana que funcionaba perfecto para la duración de nuestra estadía. Dentro de los distintos recorridos, vimos todo tipo de situaciones y personajes, quizás debido a que el metro funciona las 24 horas del día, y por la cantidad de habitantes que se trasladan a diario en él. Al principio nos impresionamos bastante, pero después de apenas un par de días se sentía casi cotidiano.

Registro Análogo
En mis viajes importantes, siempre intento llevar conmigo mi cámara análoga para hacer un registro alternativo. Me parece que desde disparar hasta revelar, es una sensación completamente distinta a hacerlo en digital, una especie de proyecto en paralelo. La razón más evidente es la de no saber en el momento como quedó la imagen que capturaste, manteniendo en suspenso el resultado final hasta hacer el revelado. Generalmente tampoco reviso mis disparos digitales hasta volver del viaje para revivir de esta forma la experiencia cuando traspase el material. Con la fotografía análoga esto demora aún un poco más, por el tiempo entre llevar a revelar los rollos y esperar hasta que estén listos. Este desfase logra poder descubrir algo inédito del viaje en una oportunidad posterior. Me gusta por el momento pensarlo como un ejercicio, experimentar distintas cosas sin muchas expectativas y dar espacio a que pueda sorprenderte y de esta forma sacar aprendizajes para los próximos registros. 

Con estas últimas imágenes concluyo mi proyecto de registro de un viaje increíble que espero repetir.